Llegó el Jueves siguiente (día 14 de Octubre) y ya querían volver a verse. De la manera más tonta él consiguió su número de teléfono, tonteando una vez más con que si se atrevía o no se atrevía, con la excusa de recargarle el saldo del móvil para poder darse toques. En efecto se lo recargó tras una gran discusión de ¿hay huevos? no! no hay huevos a recargarme el movil! 3 minutos después apareció un sms en su movil de una recarga de 10 euros. Comenzaron a darse toques sin cesar y quedaron en verse un rato más tarde en la famosa chupitería.
Ella apareció pronto, al menos más pronto que él, y preocupada por si no aparecía insistió, quizás demasiado (pensaba según le daba el 4º toque seguido sin obtener respuesta de los otros 3 anteriores). Muy poco después sonó su móvil y era él, un mensaje que ponía algo asi como: ya voy mi amor, estaba hablando de desamores con un amigo... Ella se sonrojó por la primera expresión, pero decidió pensar que era sólo una forma de hablar de un joven bacilón. Comenzó a beber chupitos, nose si llegó a tomar uno o dos cuando el apareció por la puerta. El sitio era pequeño, y había bastante gente. La entrada está más abajo que la barra, y para llegar hasta ella había que subir unos escalones abarrotados de gente, algunos conocidos y otros no. Él comenzó a saludar a toda la gente que le sonaba, dejandola a ella para el final. Ella finjía no haberle visto entrar, aunque deseaba mirarle y darse un abrazo prometido unas horas antes. Sentía miedo de parecer una niña tonta si dejaba notar sus ganas de abrazarle, asique decidió no mirarle, seguir con la conversación amena que tenía con alguno de sus amigos y esperar que fuera el quien se acercara.
Tras saludar a medio mundo de los que allí estaban (cosa que a ella se le antojó un tiempo demasiado largo) por fin se le acercó y, tímidamente, sin saber ninguno cuál sería la reacción del otro, se dieron un beso en la mejilla y un abrazo formal. No me equivocaría, espero, al pensar que en ese instante se sintieron tan cómodos el uno junto al otro que decidieron convertir ese frio acercamiento en un abrazo caluroso, como de amigos que llevan muchísimo sin verse y se han reencontrado por sorpresa. Ambos descubrieron que no querían separarse, y estuvieron más de media hora abrazados sin querer soltarse... La gente empezaba a preguntarse si estaban bien, y comenzaron las preguntas. Pero ellos estaban en la gloria...ni siquiera pensaban, me aventuro a decir, que pasaría cuando se terminase ese abrazo tan chocante, con que cara se mirarían ni qué excusa le pondrían al resto. Simplemente se abrazaban sin sentir como el tiempo pasaba a su alrededor, como si le hubieran dado al pause durante unos minutos para disfrutar realmente a gusto de ese momento tan especial. Estaban ajenos al mundo, ajenos al ajetreo de chupitos que iban de aquí para allá, ajenos a las risas tontas por los efectos del alcohol, ajenos a los planes que decidian otros por ellos, ajenos a cualquier cosa que no fuera ese abrazo.
Acabaron no saben muy bien como ni donde en un garito de música pop con el resto de sus amigos. Seguían sin poder soltarse, y ya llevaban más de 3 horas agarrados, separándose solo para beber algo, ir al servicio o bailar un poco. Ella bailó demasiado con una chica con la que estaba de rollo (para probar cosas nuevas, a ver que tal, se decía a si misma, ya que las cosas no iban bien con los hombres, quizas era hora de plantearse todo esto) y él decidió marcharse. Fue a despedirse y ella se quedó blanca...NO! exclamó, no quiero que te vayas! asique volvió a agarrarle de la cintura para volver a su posición de abrazo y él no pudo resistirse.
En ese momento empezó a sonar una canción ...ninguno de los 2 se la sabía entera, y no era la tipica canción que escucharían en sus casas, pero el estribillo sí lo conocían y comenzaron a cantarlo... Tenía tanto, que darte, tantas cosas que contarte...tenia tanto amor...guardado para ti.... Se acabo la canción pero seguian tarareandola, sin soltarse, con más miedo ahora que en toda la noche de como reaccionar cuando se miraran a la cara. Al final el soltó de nuevo la tontería de que tenía que marcharse, y ella volvió a suplicarle que se quedara. Él cedió una vez más, y sin saber muy bien como ni porqué la acabó diciendo que "creia que le gustaba". Ella se quedó sin palabras, sonrojada ocultó su cara en el hombro de él, y se armó de valor para confesarle que ella también sentía algo. Decidieron salir a dar una vuelta con el pretexto de hablar mejor las cosas, pero acabaron besándose detrás de una columna.
Fué el beso más bonito que haya dado nadie a otra persona. Fue un beso tierno y cálido, con algo de pasión y deseo, pero sobre todo cariñoso. Había más ternura en el beso que cualquier beso que (al menos ella) hubiera dado nunca. Era el punto y final a aquellos abrazos, era el ordago al cariño que llevaban toda la noche dándose, era el estallido de emoción que concluía con su incertidumbre, aunque iniciaba otra y más grande...¿que pasaría ahora? sería estoy un simple rollo tonto como los muchos que ella tenía? Sería otra decepción en el amor para ambos? se quedaría en ese beso furtivo, o habria miles de millones de besos más? Ambos tenían dudas, ambos tenían miedo al mismo tiempo que emoción, pero los dos tenían esa sensación de que el tiempo se paraba y de querer vivir simplemente ese momento, sin pensar en lo demás, sin pensar en el resto...
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