domingo, 10 de julio de 2011

No hay huevos!

Tras esos primeros contactos que tuvieron, continuaron hablando ya más interesadamente y con regularidad. La mayoría de las veces era gracias a internet, y tampoco eran conversaciones extremadamente serias...algún tonteo de vez en cuando, alguna broma estúpida, en ocasiones un cumplido...

Llegó el Jueves siguiente (día 14 de Octubre) y ya querían volver a verse. De la manera más tonta él consiguió su número de teléfono, tonteando una vez más con que si se atrevía o no se atrevía, con la excusa de recargarle el saldo del móvil para poder darse toques. En efecto se lo recargó tras una gran discusión de ¿hay huevos? no! no hay huevos a recargarme el movil! 3 minutos después apareció un sms en su movil de una recarga de 10 euros. Comenzaron a darse toques sin cesar y quedaron en verse un rato más tarde en la famosa chupitería.

Ella apareció pronto, al menos más pronto que él, y preocupada por si no aparecía insistió, quizás demasiado (pensaba según le daba el 4º toque seguido sin obtener respuesta de los otros 3 anteriores). Muy poco después sonó su móvil y era él, un mensaje que ponía algo asi como: ya voy mi amor, estaba hablando de desamores con un amigo... Ella se sonrojó por la primera expresión, pero decidió pensar que era sólo una forma de hablar de un joven bacilón. Comenzó a beber chupitos, nose si llegó a tomar uno o dos cuando el apareció por la puerta. El sitio era pequeño, y había bastante gente. La entrada está más abajo que la barra, y para llegar hasta ella había que subir unos escalones abarrotados de gente, algunos conocidos y otros no. Él comenzó a saludar a toda la gente que le sonaba, dejandola a ella para el final. Ella finjía no haberle visto entrar, aunque deseaba mirarle y darse un abrazo prometido unas horas antes. Sentía miedo de parecer una niña tonta si dejaba notar sus ganas de abrazarle, asique decidió no mirarle, seguir con la conversación amena que tenía con alguno de sus amigos y esperar que fuera el quien se acercara.

Tras saludar a medio mundo de los que allí estaban (cosa que a ella se le antojó un tiempo demasiado largo) por fin se le acercó y, tímidamente, sin saber ninguno cuál sería la reacción del otro, se dieron un beso en la mejilla y un abrazo formal. No me equivocaría, espero, al pensar que en ese instante se sintieron tan cómodos el uno junto al otro que decidieron convertir ese frio acercamiento en un abrazo caluroso, como de amigos que llevan muchísimo sin verse y se han reencontrado por sorpresa. Ambos descubrieron que no querían separarse, y estuvieron más de media hora abrazados sin querer soltarse... La gente empezaba a preguntarse si estaban bien, y comenzaron las preguntas. Pero ellos estaban en la gloria...ni siquiera pensaban, me aventuro a decir, que pasaría cuando se terminase ese abrazo tan chocante, con que cara se mirarían ni qué excusa le pondrían al resto. Simplemente se abrazaban sin sentir como el tiempo pasaba a su alrededor, como si le hubieran dado al pause durante unos minutos para disfrutar realmente a gusto de ese momento tan especial. Estaban ajenos al mundo, ajenos al ajetreo de chupitos que iban de aquí para allá, ajenos a las risas tontas por los efectos del alcohol, ajenos a los planes que decidian otros por ellos, ajenos a cualquier cosa que no fuera ese abrazo.

Acabaron no saben muy bien como ni donde en un garito de música pop con el resto de sus amigos. Seguían sin poder soltarse, y ya llevaban más de 3 horas agarrados, separándose solo para beber algo, ir al servicio o bailar un poco. Ella bailó demasiado con una chica con la que estaba de rollo (para probar cosas nuevas, a ver que tal, se decía a si misma, ya que las cosas no iban bien con los hombres, quizas era hora de plantearse todo esto) y él decidió marcharse. Fue a despedirse y ella se quedó blanca...NO! exclamó, no quiero que te vayas! asique volvió a agarrarle de la cintura para volver a su posición de abrazo y él no pudo resistirse.

En ese momento empezó a sonar una canción ...ninguno de los 2 se la sabía entera, y no era la tipica canción que escucharían en sus casas, pero el estribillo sí lo conocían y comenzaron a cantarlo... Tenía tanto, que darte, tantas cosas que contarte...tenia tanto amor...guardado para ti.... Se acabo la canción pero seguian tarareandola, sin soltarse, con más miedo ahora que en toda la noche de como reaccionar cuando se miraran a la cara. Al final el soltó de nuevo la tontería de que tenía que marcharse, y ella volvió a suplicarle que se quedara. Él cedió una vez más, y sin saber muy bien como ni porqué la acabó diciendo que "creia que le gustaba". Ella se quedó sin palabras, sonrojada ocultó su cara en el hombro de él, y se armó de valor para confesarle que ella también sentía algo. Decidieron salir a dar una vuelta con el pretexto de hablar mejor las cosas, pero acabaron besándose detrás de una columna.

Fué el beso más bonito que haya dado nadie a otra persona. Fue un beso tierno y cálido, con algo de pasión y deseo, pero sobre todo cariñoso. Había más ternura en el beso que cualquier beso que (al menos ella) hubiera dado nunca. Era el punto y final a aquellos abrazos, era el ordago al cariño que llevaban toda la noche dándose, era el estallido de emoción que concluía con su incertidumbre, aunque iniciaba otra y más grande...¿que pasaría ahora? sería estoy un simple rollo tonto como los muchos que ella tenía? Sería otra decepción en el amor para ambos? se quedaría en ese beso furtivo, o habria miles de millones de besos más? Ambos tenían dudas, ambos tenían miedo al mismo tiempo que emoción, pero los dos tenían esa sensación de que el tiempo se paraba y de querer vivir simplemente ese momento, sin pensar en lo demás, sin pensar en el resto...


Primeros contactos

Corría el año 2010 cuando se conocieron una noche de Febrero. Hacía frío y habían quedado en un parque desconocido para ella a las afueras de la ciudad. Él celebraba su cumpleaños acompañado de sus amigos, y ella acudía como amiga de amigos lejanos, una coincidencia completamente casual que ninguno de los dos esperaba. Ella había oído hablar de él, le apodaban "vezino" y parecía un tipo gracioso. Supongo que también él sabía algo de ella, de los muchos tíos con los que se acostaba y de lo fácil que era conquistarla. Aquella noche apenas hablaron, alguna que otra conversación sin importancia ocupó una mínima parte de su tiempo. Él estaba acompañado de su novia, que no le quitaba ojo ni un momento. Tampoco parecían tener nada en común y se sentían más cómodos separados, compartiendo el alcohol con sus amigos cercanos y no con alguien del que ni siquiera estaban seguros del nombre. Después de beber el alcohol que consideraron suficiente y guiados por la necesidad de encontrar calor en algún garito cercano, cogieron el autobús hasta llegar al centro de la ciudad, sitio de juerga y aglomeración de extranjeros que quieren vivir la fiesta española. Esperaron todos la cola hasta conseguir entrar en un garito gratis, pero ella se perdió con otro hombre en otro bar que prefiere no recordar.

Tras esa noche, pese a seguir siendo desconocidos, se agregaron a las nuevas redes sociales, y aunque no estaban seguros ni de como eran ni de que habían hablado la noche anterior, nunca estaba de más tener un nuevo contacto en la lista.

Ella siguió quedando con el chico del bar de aquella noche, siguió todos los pasos que seguía en esas ocasiones de desesperación: emocionarse pensando que era alguien especial, dejarse llevar por la emoción dejando que el otro escoja qué ritmo llevar, y desesperarse cuando se da cuenta de que la dura realidad le ha vuelto a dar un puñetazo con toda la fuerza que ha podido.

No supieron nada de si hasta pasados los meses. Ya en verano se reencontraron en un festival de música celta, de nuevo él acompañado por su novia y ella desesperada por encontrar a alguien en quien encontrar cariño. Pocas fueron las palabras que compartieron una vez más: infames tonterías de borrachos, locuras sobre algún que otro láser verde, efectos mejores y peores de algunas drogas nocturnas y preguntas estúpidas sobre parentescos familiares. Acabado el viaje, olvidado el tema, al igual que pasó el día del cumpleaños de él.

No parecían importarse en absoluto, y salvo por algunas noticias esporádicas que recibían el uno del otro por los amigos que les unían, mínimo pasaron otras cuantas semanas hasta que volvieron a tener noticias directas. Realmente no se si deberían decirse directas o no, porque todo fue vía internet y una de las veces no era él quien escribía las palabras que le dedicaba a ella. Fueron proposiciones amorosas en toda regla, pero como ya comentamos antes, no era él quien se encontraba al otro lado de la pantalla. Poco después un mensaje privado de él se acumulaba en la lista de los no leídos de ella, contestando a una pregunta sobre un grupo musical español. Una vez más, salvo estas pequeñas pinceladas de conversación aquí mencionadas, se hizo el silencio entre ambas personas y no volvieron a tomar conversación hasta Octubre...unas semanas antes del 19.

Sería en la despedida de un amigo cercano de él, y una vez más, un desconocido para ella. Pasaron toda la noche sin compartir palabra, pero pasadas ya las 12, afectados por el alcohol y ella además por otro de los hombres que pensaba que arreglaría su vida, comenzaron a hablar de tonterías absurdas para no variar.

Tras esa noche, comenzaron a hablar por internet, en principio él la pedía disculpas por algún que otro comentario inocente que, por las circunstancias, podría parecer grosero, y más tarde acabaron hablando de nimiedades que casi se podría afirmar que ninguno de los dos recuerda.

Cara a cara volvieron a verse a los pocos días, en una chupitería que solían visitar la mayoría de los jueves. No recuerdan ninguno de los dos qué fue lo que hizo saltar la chispa, pero hubo algo esa noche que estoy segura que a los dos les hizo ver en el otro algo diferente, algo nuevo que no habían visualizado antes. Cambiaron la actitud, hacían bromas, pero tenían otro tono, con más confianza, con más seguridad, ya eran algo más que amigos de amigos....al menos, se podría decir, que eran conocidos.